La Copa del Mundo es la mayor fiesta deportiva del mundo y lleva siéndolo desde 1930. Naturalmente, esto ha dado como resultado que, en sus casi 100 años de historia, se hayan dado incontables anécdotas, desde las más divertidas hasta las más oscuras.
La tragedia de la Copa Jules Rimet
Tradicionalmente, los equipos ganadores del Mundial no se quedan con la copa como tal. Esta regla solo ha tenido una excepción: en el Mundial de 1970, cuando Brasil, después de haberse coronado por tercera vez, gracias a las reglas de la FIFA del momento, pudo quedarse para siempre la Copa Jules Rimet, razón por la cual desde 1974 se ha utilizado el trofeo moderno.
La Copa permaneció en la federación brasileña, en Río de Janeiro, hasta 1983, cuando fue robada y jamás fue encontrada.

La maldición de Nelson Rodrigues
Cuando Inglaterra ganó la Copa del Mundo en calidad de local en 1966, nadie, ni siquiera los alemanes, estaba más enojado que el escritor brasileño Nelson Rodrigues, pues consideraba que el juego aburrido y desinspirado de los británicos no debería ser el de un campeón del mundo.
Rodrigues escribió una columna después de la final, condenando a los “Three Lions” a nunca volver a ser campeones. 60 años después, Inglaterra no ha regresado a una sola final de la Copa del Mundo y viene de perder dos finales de Eurocopa seguidas.

El silencio de Zimmermann
La final del Mundial de Suiza 1954 tuvo uno de los resultados más sorprendentes en la historia de los deportes; el partido que eventualmente fue la final (Alemania vs. Hungría) ya se había jugado en fase de grupos, con un 8-3 en favor de los húngaros.
Al principio, no parecía que la final fuera a ser diferente, estando ya 2-0 en favor de los húngaros al minuto 8, para el minuto 18, los alemanes ya habían empatado, cuando el gol de la victoria alemana llegó al minuto 84.
Herbert Zimmermann, comentarista de radio alemán, se quedó callado durante ocho segundos tras gritar gol, lo que llevó a muchos fans a pensar que había habido un error o que algo le había pasado. Pasados los ocho segundos, simplemente dijo ‘llámeme loco’ y siguió comentando el partido.


